Editorial

Imagen y aesthetic

A veces la música trasciende, pasa fronteras o inclusive se vuelve más que sólo música.

A veces la música trasciende, pasa fronteras o inclusive se vuelve más que sólo música.

 

En realidad, esto es algo muy común que, siendo sinceros, todos hemos escuchado. Sin embargo, creo que algo que no hemos resaltado como deberíamos, ya que es una parte fundamental de cualquier acto musical, es la unificación sensorial. Me refiero a cuando el arte logra combinar lo visual con lo sonoro.

Considero que esto pasa de forma tan cotidiana que la mayoría del tiempo le restamos importancia y también, no todos los artistas logran desbloquear todo el potencial de esto o ni siquiera entienden la importancia. Claro, ahora tiene más importancia por el entorno en el que vivimos; un mundo bombardeado por estímulos multisensoriales. Aún así desde que existe música, esta ha tenido que ser presentada de manera visual. En conciertos, evidentemente. Pero esta idea no se queda en eso, también existen vídeos musicales que complementan las canciones, en algunos casos o cualquier otro medio para identificar la música con un artista

Hoy en día se ha vuelto fundamental que un proyecto musical tenga una imagen. Puede ser desde tener una portada para un álbum hasta crear una identidad visual como personas. Pero no hay un límite para esto. A lo largo de la historia se ha ido transformando la imagen de los artistas en sus vídeos, conciertos o hasta en apariciones públicas. Hemos pasado del acto convencional a encontrarnos con presentaciones ya no de personas sino de personajes maquillados, disfrazados o inclusive elementos animados (Gorillaz). Con esto se pierde la imagen de la persona y se crea la del artista pero de manera extrema, claro.

Todo este tema puede llegar fácilmente a las ramas inclusive del marketing o asociación porque se extiende la idea de compartir y vender una identidad. Parece que no hay límites para esta idea pero yo creo que esto se debe complementar e unificar con medida, porque cuando llega el punto que una imagen o identidad sobrepasa la música hay problemas. Hemos visto actos que brincan las fronteras y encuentran formas de hacer de un concierto un espectáculo visual de igual manera que sonoro, bendiciones al Pink Floyd. También hemos llegado a describir bandas con atributos físicos como los colores u otros atributos. Por ejemplo, al Camilo Séptimo sería fácil describirlo como nocturno, espacial y neón. O al Caloncho como playero, colorido y caluroso.

Al final de cuentas todos tienen una imagen, ya sea creada por ellos mismos o atribuida por su personalidad y forma de ser. Como Mac DeMarco que no tiene en sí una imagen definida pero se ha logrado identificar con la pinta de flojo y casual. Pues cada quien decide qué imagen proyectar y esto puede llegar hasta el punto de tener un aesthetic definido y fácilmente identificable. Yo de ninguna manera creo que esto merezca atención especial pero sin duda debería ser más explorada la idea de crear experiencias multisensoriales.

 

Nota: Hasta el momento la experiencia más extraordinaria que he vivido y que conjunta lo visual y lo sonoro ha sido el vídeo que Mastodon mostraba en sus conciertos para presentar el álbum Crack the Skye. Ahí, no les miento, lo que ves es lo que escuchas y viceversa. Hay DVD y es difícil de conseguir pero vale la pena.

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